“Es duro fracasar, pero es todavía peor no haber intentado nunca triunfar” – Theodore Roosevelt

Publicado: enero 24, 2013 en Economia, Empresa, Gestión, Liderazgo
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¿Alguien se imagina poder cuantificar cualquiera de las distintas opciones que están directamente relacionadas con la toma de una decisión? Pues este es uno de esos días que personalmente me gustaría poder haber tenido la oportunidad de crear alguna fórmula mágica para exactamente tener la certeza de acertar. Supongo que muchos factores influenciaron en mi decisión final pero arriesgué y perdí! Traducido en otras palabras y recordando una de esas clases de economía, no supe minimizar mi coste de oportunidad.

Entendiendo como coste de oportunidad de un recurso, el valor del siguiente mejor uso que se podría obtener de la alternativa renunciada, observo que este concepto económico es un fiel retrato de la sociedad en la que vivimos. Además del riesgo e incertidumbre asociados a cualquier toma de decisión, a menudo, se añaden intereses económicos, sentimientos, presiones sociales u otros factores endógenos o exógenos al propio ser que hacen que la realidad quede inevitablemente distorsionada. Por lo tanto, la dificultad de poder cuantificar y el grado de aversión al riesgo de cada individuo es lo que hace que no haya en ningún caso una directriz o opción a seguir única…y es esto lo que hace realmente atractivo cualquier proceso de toma de una decisión.

Al final tendemos a decidir teniendo en cuenta únicamente el corto plazo, dejando el error como un fracaso y el acierto como un éxito. Cuando perdemos acostumbramos a rendirnos y a olvidamos que el error nos puede permitir aprender para volver a intentarlo con más seguridad, certeza o preparación en el medio-largo plazo. Y tan aplicable es a las decisiones personales, como a las decisiones estratégicas de cualquier compañía o a la definición de directrices en organizaciones políticas.

Muchos casos son los que me vienen a la cabeza. Algunos de personales y otros mucho más interesantes de personas como Thomas Alba Edison, quien fracasó cerca de 10 mil veces cuando intentaba desarrollar el foco; Steve Jobs, quien después de crear Apple, fue despedido para cambiar el rumbo de compañía y seguir estrategias más parecidas a la de las grandes compañías del sector como Microsoft y posteriormente vuelto a contratar para rescatarla de lo que parecía un fracaso anunciado; o el coronel Sanders, a quien le negaron en más de 100 ocasiones el crédito necesario para crear la actual Kentucky Fried Chicken. En todos estos casos, si ellos en su día se hubieran rendido seguramente hubieran sido menos felices y no hubieran visto cumplidas sus metas.

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DVM

comentarios
  1. knowthing dice:

    Asi pues, ¿Qué creéis que nos falta para triunfar? ¿Somos lo suficientemente arriesgados o en ocasiones somos demasiado conservadores? ¿Nos dejamos influenciar con demasiada facilidad?

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