“No es tarea fácil dirigir a hombres; empujarlos, en cambio, es muy sencillo” Rabindranath Tagore

Publicado: septiembre 27, 2012 en Gestión, Innovación, Liderazgo, Responsabilidad
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Siguiendo el hilo de los posts precedentes en los que se han tratado temas como el sentido de la responsabilidad en la actualidad o la realidad que rige el mercado laboral y nuestra sociedad, creo que es un buen momento para discernir en algunas líneas un concepto vital para reflexionar sobre la evolución que ha seguido, sigue y seguirá nuestra Historia: el liderazgo.

Transmitir, ayudar, dirigir o innovar son características no solamente deseables si no necesarias e intrínsecas de cualquier líder. Son muy pocos los elegidos y aunque siempre quede el debate de si un líder nace o se hace, en mi opinión, hay que nacer para hacer. Sin embargo, aspectos como la falta de meritocracia, el contexto que rija un determinado momento de la Historia, la gran capacidad que tienen los medios de comunicación de influir en nuestro pensamiento, la dificultad para satisfacer a todos, las diferentes gafas con las que se puede proyectar el mundo y el insaciable poder de los intereses económicos hacen que sea una ardua tarea liderar de una forma pura. Además, en muchos casos, el liderazgo acaba desencadenando en consecuencias poco deseables o absolutamente despreciables.

Por estos motivos y remetiéndome directamente al post “uno es para siempre responsable de lo que decide” es tan importante saber asumir la responsabilidad  que cada uno le corresponde y actuar o liderar consecuentemente. La capacidad de poder decidir libremente, sin embargo, parece una clara utopía pues afortunada o desgraciadamente el maquiavelismo del “fin justifica los medios” ha estado siempre muy presente en nuestro devenir dejando, acertadamente o no, ética y moral en estadios muy pobres en cualquier proceso de decisión. Entiendo que si hubiera sido de alguna otra manera, aquella sociedad que diseñaba Platón en su República se acercaría algo más a la nuestra, lo que obviamente no deja de ser una utopía.

¿Cómo podemos, pues, diferenciar entre un buen y un mal líder? Aunque la respuesta pueda parecer obvia, quiero pensar que cuando juzgamos a nuestros líderes o actuamos como tales tenemos en cuenta cada uno de los aspectos descritos en los párrafos anteriores. De lo contrario, posiblemente seremos fácilmente manipulables o nos creeremos líderes cuando realmente seremos simples marionetas. De esta manera, el buen líder es para mí aquel que ha reflexionado sobre las limitaciones externas que afectan a su cometido y ha decidido libremente encabezarlo, siguiendo en cada momento unos principios intrínsecos a su persona y convencido que la tarea que le ocupa tendrá unos beneficios comunes sobradamente superiores a los personales.

Estos son dos de los líderes más visibles de nuestro entorno. ¿Cómo los consideráis? Aceptamos sugerencias…

 

 

 

 

 

DVM

comentarios
  1. Otineb dice:

    Estimado DVM; ¿Qué pena que los líderes de nuestra sociedad no sean libres al tomar las decisiones? Ya que hablas de libertad, voy a comentar lo que creo que es la verdadera libertad. Para mí la libertad es la capacidad de hacer el bien, ser capaz de elegir el bien. Libertad no es poder elegir entre hacer las cosas bien y las cosas mal. ¡Qué bueno sería que todos fueramos realmente libres, y no nos dejaramos llevar por los vicios, intereses propios…! Un lider que fuera realmente libre, que hiciera el bien, qué gran impacto social tendría. ¡Gracias por tu post DVM!

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