Os suena aquello de que, “arreglar la impresora te costará 80€, mientras que tienes un modelo nuevo, más rápido y con menor consumo por 99€”? ¿O la sensación de haber comprado un móvil de última generación y al cabo de pocos meses tienes problemas con la batería? U oír a las generaciones mayores diciendo: ¡en nuestro tiempo las cosas duraban más! ¿Qué creéis que tienen en común?

Pues el factor común de estas situaciones el fenómeno conocido como obsolescencia programada. Fue un concepto iniciado en los años 20, cuando los fabricantes de bombillas estaban perfeccionando el invento de Edison, y fabricaban bombillas que duraban más de 2.500 horas. La producción en cadena provocó bajada de precios y mayor consumo, pero los fabricantes pronto se dieron cuenta que “un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”. Su reacción fue acordar entre ellos que las bombillas producidas tuviesen una vida útil máxima de 1000 horas. Fue conocido como el cártel Phoebus.

Sin dejar de lado las bombillas, el parque de bomberos de Livermore-Pleasanton de California es el hogar de una bombilla que tiene 111 años de antigüedad, que funciona ininterrumpidamente.  Tiene una webcam instalada que emite imágenes a tiempo real (ver en el siguiente link). Dicha webcam se instaló en 2001, y en 2006 tuvo que ser reemplazada. Curioso, ¿no?

Otro ejemplo es el de las medias de nylon, descubiertas por un científico de la empresa estadounidense DuPont. Eran unas medias con una resistencia empíricamente muy superior a sus competidoras, y fueron todo un éxito de ventas. No obstante, poco tiempo después fueron eliminadas del mercado, y los mismos químicos que las habían descubierto tuvieron que empeorarlas a propósito.

Este fenómeno tuvo un punto álgido cuando el americano Bernard London lanzó su mensaje: “La solución para acabar con la gran depresión es la obsolescencia obligatoria”. Sugería que el Estado dictara la vida útil de los todos los productos y si los consumidores conservaban productos “caducados”, eran objetos de multa. De esta manera siempre habría mercado para nuevos productos, ya que se perpetuaría el consumo, y por tanto el trabajo. En los años 50, el diseñador industrial Brook Stevens acotó un poco más el término: “Obsolescencia programada es crear al consumidor la necesidad de tener algo un poco más nuevo, un poco antes de lo necesario”, sentenció.

Si hablamos de productos más contemporáneos, en 2003 se formó en EEUU una demanda conjunta de miles de personas en contra de Apple que denunciaba la corta batería del Ipod, y la imposibilidad de cambiarla, lo que contribuía a tener que comprarse otro nuevo. Al final no se produjo ningún juicio porque Apple alargó la garantía a 2 años.

Otro punto a tener en cuenta es la sostenibilidad. La filosofía del usar y tirar genera muchos residuos, y hay muchas voces que señalan que África se está convirtiendo en el basurero de residuos electrónicos del mundo.

Una vez expuestos los hechos (para más información me remito a ver el documental, dirigido por Cosima Dannoritzer, “Comprar, tirar, comprar”), una de las cuestiones que se me pasa por la cabeza es teorizar sobre qué sería de un mundo sin obsolescencia programada.

¿Seríamos menos infelices al no tener este ritmo frenético de consumo que no te permite disfrutar de lo que tienes sino que ya te presiona para conseguir el siguiente producto, más nuevo y reluciente? ¿O por el contrario lo seríamos más, porque se reducirían los puestos de trabajo? ¿Llegaríamos al colapso económico?

En otras palabras: ¿Es la obsolescencia programada el motor real de nuestra economía? ¿El consumo nos consume? ¿O por el contrario es una solución para el progreso y la innovación en la sociedad? ¿Sería deseable tener una sociedad medioambientalmente sostenible pero económicamente insostenible? ¿Hay alternativas a este sistema?

Como vemos, todo esto afecta directamente a las raíces de nuestro sistema. El debate está servido.

Naujip

comentarios
  1. Kritikosum dice:

    Gran temática la tratada. Programan los bienes de consumo e intentan programar los valores y sentimientos mediante otros mecanismos (véase medios de comunicación, o cultura inherente). Está en nosotros cambiarlo, pero antes debemos conocerlo y reflexionar al respeto.

  2. Otineb dice:

    Sr. Naujip;

    Realmente sorprendente lo que nos cuentas en tu post. Justo estos días he estado pensando sobre este tema. Estos últimos días se terminaba mi contrato de permanecia en Yoigo y mi móvil Samsumg Galaxy II, que iba estupendamente y estaba muy contento con él, de repente se ha estropeado. Alguna vez había escuchado hablar sobre esto, pero siempre pensaba, “coincidencia”, pues no, que son unos cabr…es.
    Buenísima la anécdota de la bombilla del parque de bomberos, sr Naujip.
    ¡Muchísimo ánimo con vuestros Posts! ¡Estaré pendiente de próximas publicaciones!

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